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Roger Mimó:
LA RUTA DE LAS MIL KASBAS |
Etapa 7: de Rissani a MhamidDe Rissani a Nkob, la carretera circula por un desierto jalonado de acacias espinosas y de rocas en las que abundan los grabados rupestres. El único lugar importante desde el punto de vista arquitectónico en todo el recorrido es Tazzarine, pues el resto son básicamente zonas de pastoreo nómada.
VER ALGUNOS GRABADOS RUPESTRES Tazzarine constituye un extenso oasis en el que se distribuyen diferentes pueblos y en el que volvemos a encontrar las primeras kasbas desde que las dejáramos en el valle del Todra. Varias pistas permiten recorrer este palmeral y admirar su bella arquitectura de tierra.
Al llegar a Nkob, el viajero descubre cuatro decenas de kasbas que sobresalen de un inmenso palmeral, formando una hermosa imagen si no es un año de sequía. Todas estas kasbas fueron levantadas a principios del siglo XX por las familias Ait Atá que en esa época se hicieron sedentarias. Un par de ellas han sido rehabilitadas como hoteles.
En la misma Nkob, dentro del complejo Baha Baha mencionado en el apartado sobre alojamiento, hay un interesante museo sobre las tradiciones de los Ait Atá, pequeño pero hecho con gracia. Entrada: 10 DH.
De Nkob a Zagora
Tomando en Tansikht la dirección de Zagora, descubriremos al poco rato varias construcciones espectaculares por su situación al borde del barranco, en torno a El Had, el zoco de los domingos.
Un poco más allá, en Oulad Atmane, veremos la kasba del caíd Larbi de uno de los grandes caídes del Drâa, que fue colaborador de El Glaoui durante la primera mitad del siglo XX. El edificio es de un estilo bastante tardío, con clara influencia urbana en los detalles, como los techos de cedro y los arcos que rodean las ventanas. Está abierto a la visita turística mediante el pago de una entrada. Tras descubrir muchos otros monumentos a cual más pintoresco, en Tinzouline aparece uno muy especial, llamado Er Ribat y situado en el interior del propio ksar. Se trata, como su nombre indica, de una construcción similar a las rápitas o ribats, una suerte de monasterios en los que vivían monjes guerreros dedicados a la defensa del islam. Este tipo de instituciones, comunes en Marruecos hasta el siglo X, fueron desapareciendo posteriormente, por lo que nos hallamos ante un ejemplo único. Se organiza en torno a un gran patio con galerías y en él habita actualmente una familia sencilla que no dudará en haceros visitar el conjunto si lo solicitáis. Antes de llegar a Zagora, el ksar Tissergat merece también una mención especial por su magnífica imagen de conjunto y por el hecho de haber sido restaurado en 1968 gracias al programa financiado por la FAO del que ya hemos hablado, de modo que hoy se halla en un estado de conservación bastante aceptable. En su interior hay un hotel que ocupa la vieja kasba de El Hiba. También hay un museo, pero en él tratan a los visitantes sin la menor consideración.
De Zagora a MhamidZagora es un centro administrativo moderno sin otro atractivo que sus hoteles confortables.
El Ksar Amezrou se halla casi pegado a Zagora y es uno de los más interesantes de la zona. Incluye un barrio en el que vivían los hebreos antes de su emigración en los años 1960 y una mezquita con un curioso alminar de tierra cruda. Otro ksar de obligada visita es el de Tamegroute, con callejuelas absolutamente oscuras y misteriosas. Tamegroute es también el centro alfarero más importante del sur de Marruecos y una zagüía que cuenta con una amplia biblioteca de manuscritos árabes. Sin embargo, esta biblioteca ocupa hoy un edificio de construcción moderna. Por el contrario, el mausoleo de Sidi Mohamed Ben Nasser, fundador de la zagüía, es antiguo y está decorado con yeso esculpido y madera de cedro. Entrada: la voluntad.
Más allá de Tamegroute la carretera se aparta del valle para superar un tramo encañonado del río, pero lo alcanza de nuevo en el oasis de Ktaua, que fue otro de los grandes centros mercantiles históricos, como el Tafilalet, en la época en que las caravanas unían Marruecos al África subsahariana. Entre los múltiples ksur de la Ktaua, destacaban por su actividad comercial Nesrat, Beni Hayoun y Beni Sbih.
Hoy este último sigue siendo un pueblo importante, aunque ha perdido su protagonismo mercantil y la curtiduría de pieles que le dio renombre en todo Marruecos. También Beni Hayoun se mantiene mayoritariamente habitado, lo mismo que Nesrat, de grandes proporciones. Cada uno de ellos incluía un barrio judío en su origen.
Junto a Nesrat se levanta asimismo un ksar mucho más pequeño pero más espectacular por su altura y su situación entre dunas, Ait Isfoul. Se trata en este caso de un pueblecito donde vivían los guerreros Ait Atá encargados de la defensa de la población sedentaria de Nesrat, que se componía de pacíficos agricultores y comerciantes.
Pasado el oasis de Ktaua, nos apartamos por segunda vez del valle para superar por un puerto el desfiladero de Foum Larjam, donde hay numerosos túmulos prehistóricos, y volvemos a bajar en el oasis de Mhamid. Allí las palmeras quedan esparcidas entre pequeñas dunas formando un hermoso paisaje. Entre los ksur de este oasis hay que destacar Oulad Dris, que data del siglo XVII. En su interior, dos viviendas han sido rehabilitadas y contienen un gran número de antigüedades, algunas de ellas bastante curiosas.
Llegados a la moderna población de Mhamid, una pista nos permite continuar hacia el sur y descubrir los últimos ksur, los más meridionales de la región. Entre ellos hay que destacar por su interés arquitectónico el de la propia Mhamid El Ghozlan y el de Talha.
En este último se está revitalizando una actividad de alfarería que había sido importante en otra época.
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