Kasba Ait Ouzza, en Boumalne Dadès.
Roger Mimó:

LA RUTA DE LAS MIL KASBAS

Sitio Web del Hotel Tomboctou

Arquitectura tradicional del Sur de Marruecos

TEXTO PROVISIONAL

La terminología

En los estudios publicados hasta hoy se han adoptado como tipologías una serie de vocablos de origen árabe o beréber, algunos de ellos normalizados en español y otros no. Los más utilizados son aduar, qsar, casba, ighrem, tighremt, agadir, borj —con jota francesa—, zagüía y morabito. Sin embargo, a medida que avanzábamos en la presente investigación, hemos ido comprendiendo que tales conceptos resultan inadecuados o insuficientes por dos motivos: primero, porque estas palabras tienen un sentido muy amplio, aplicándose en las diferentes zonas o entre los diferentes grupos humanos a realidades igualmente distintas, y segundo porque existen muchos modelos híbridos o intermedios que escapan a esta clasificación.

Un duar, trascrito en los mapas en su versión francesa douar y que se ha incorporado a la lengua española como “aduar”, es, en palabras de Alí Bey (2012), un “grupo de casuchas mal construidas o de tiendas más o menos grandes que sirven de habitáculo a una o varias familias de árabes beduinos”. Esta definición, hecha por el viajero decimonónico en la región de Tánger, es perfectamente aplicable en las zonas del Sur de Marruecos ocupadas por tribus de pastores nómadas, que con frecuencia preferían vivir en aduares o incluso en simples jaimas o tiendas de campaña aisladas, dejando la seguridad de los pueblos amurallados para los agricultores, artesanos y mercaderes de escaso ardor guerrero, aunque aquí sus habitantes no siempre sean “árabes beduinos”, pudiendo ser igualmente berebéres. Por el contrario, en las zonas donde predominaba la población de vida sedentaria, los aduares eran auténticos pueblos, cuyas imponentes moradas de piedra de tres o cuatro plantas nada tenían que ver con las “casuchas mal construidas” de Alí Bey, aunque careciesen de muralla. Por otra parte, ya en el siglo XX, casi todos los pueblos amurallados se han dotado de ampliaciones conocidas hoy como duar.

El término árabe qsar o qasar, trascrito en francés ksar, sería un derivado del latín castrum según la Real Academia Española (RAE) y tiene un sentido muy amplio. En todo el mundo árabe se conocen así los palacios, pero además en Siria se designan de este modo diferentes fortificaciones bizantinas y omeyas; en Túnez es un granero; en los oasis de Egipto, un pueblo fortificado de piedra; en el Norte de Marruecos, una ciudad nacida a partir de un campamento militar, como Ksar El Kebir y Ksar es Seghir, y en el Sur un pueblo amurallado de tierra cruda. En español dio lugar al vocablo “alcázar”, pero éste tomó únicamente los sentidos de “fortaleza”, “plaza fuerte” y “palacio real”, bastante alejados del objeto tratado en el presente estudio. Por el contrario, los diccionarios franceses definen el ksar como una “localidad amurallada en el Norte de África”, lo que prácticamente coincide con el sentido que se le da en nuestra región.

La palabra qasba o qasaba, que a veces se deforma como qsebt, pertenece al árabe dialectal magrebí, siendo común asimismo en al-Ándalus pero no en Oriente. Según Rom Landau (1969), su origen sería púnico. En español dio lugar a “alcazaba” en la Edad Media y en el siglo XIX a “kasba” o “casba”, derivados ambos del francés kasbah o casbah, que se habían incorporado a este último idioma tras la ocupación de Argel por las tropas galas en 1830. Como la anterior, tiene un sentido general de “fortificación”, aplicándose en las ciudades al barrio administrativo y militar y en el mundo rural a unos recintos amurallados en los que podía acampar el ejército en campaña pero también las caravanas de paso. En el Sur de Marruecos existen unos pocos ejemplos de esta última acepción y muchos más en los que se refiere a un pueblo amurallado, lo que normalmente llamaríamos qsar, entre ellos Kasbah El Joua al pie del Jebel Bani, Ksebt El Makhzén en el Drâa, Kasbah Kedima en Mdaghra y Kasbah Jdida en el conjunto arquitectónico de Maadid (Ziz), e incluso hay cerca de Rissani una localidad llamada Ksar El Kasbah. Este sentido lo tiene la palabra desde antiguo, pues ya a principios del siglo XIX apuntaba Jackson (1811) que los jerifes del Tafilalet vivían en fortalezas llamadas l’uksebbat o “las casbas”, pero desde comienzos del siglo XX se aplica con mayor frecuencia a las viviendas fortificadas de tierra cruda y en la actualidad, de cara al turismo, se le da este atractivo nombre a cualquier edificio que mantenga un ligero aire tradicional, especialmente si es un hotel, aunque esté construido con hormigón armado.

El término beréber ighrem tiene el sentido de “espacio cerrado entre muros” y puede aplicarse incluso a ciudades amuralladas como Fez. En el Sur de Marruecos tanto designa un granero comunitario fortificado como un pueblo o caserío amurallados. Añadiéndole una T al principio y otra al final se obtiene el diminutivo tighremt, referido por lo común a una vivienda fortificada, pero a veces también a un caserío o a un granero, sin que sean forzosamente más pequeños que los llamados ighrem. Pero la cosa es mucho más compleja, pues en primer lugar tenemos casos como Ighrem Amazdar, en el Jebel Saghro, e Ighrem Amellal, en el valle del Izerki, que son conjuntos de varias tighrematín —plural de tighremt—; en segundo lugar, la Tighremt n'Ammas n'Tamassint y la Tighremt n’Aït ou Allal del Todra son auténticos pueblos amurallado, aunque de dimensiones modestas; en tercer lugar, el Ighrem Amokrane, en el valle del Gheris, se conoce al mismo tiempo como Tighremt n'Ighrane, y, para terminar, el marqués de Segonzac cita numerosas localidades amuralladas del Atlas Medio, hoy desaparecidas, que recibían el nombre de tighremt e incluso aporta fotografías de las mismas: Tighremt n’Aït Bou Atou, Tighremt n’Aït Ali ben Ali, Tighremt n’Aït Bessou, Tighremt n’Aït Iqqo, Tighremt n’Aït Rahou ou Ali, etc.

La palabra agadir está considerada de raíz fenicia (gadir, “lugar cerrado, recinto”), aunque también podría ser hebrea (gader, “pared”) y tiene en beréber este mismo sentido general de “muro”, utilizándose además en el dialecto tasusit para designar un granero colectivo, un pueblo amurallado como Agadir n’Tissent (Jebel Bani), un pueblo abierto situado en un lugar de difícil acceso, como Agadir n’Ouzrou (Akka), una casa fortificada, la mansión de un caíd u otro tipo de edificación con carácter defensivo. Su plural es igudar y su femenino o diminutivo tagadirt en singular y tuguidar en plural.

El término agudim ha desaparecido por completo del léxico beréber, aunque se ha conservado en la toponimia. Según Foucauld, designaba exclusivamente una torre de vigilancia aislada, lo que en Tata se conoce todavía hoy como igudas y en el resto del territorio como borj. Este vocablo árabe, sin embargo, posee un sentido mucho más amplio: como torre de vigilancia, puede hallarse aislada o formar parte de otro edificio, pero además en el Norte de Marruecos tiene también la connotación de bastión en las murallas de una ciudad y en Argelia es un fuerte.

El término “morabito” lo mismo se puede referir al mausoleo de un santón como a su morada mientras vive o incluso al santón en sí. La palabra zauía puede aplicarse a una agrupación sufí o bien a un pueblo, ya sea amurallado o abierto, en el que viven los descendientes de algún morabito prestigioso; en español ha dado lugar a “zagüía”, pero el diccionario de la RAE aplica este vocablo a un simple mausoleo de santón, por lo que hemos preferido evitarlo.

Un ribat, o en español una "rábita", es asimismo una agrupación sufí, o incluso un auténtico monasterio en Túnez; pero en algunos pueblos del Drâa, como Nesrat, llaman así a la escuela coránica de niños y en tiempos de los almohades la misma palabra se aplicaba a un simple fuerte o recinto amurallado en el que se acuartelaban tropas, por lo común en lo alto de una colina de difícil acceso.

Ante tal confusión de conceptos, en el presente libro hemos optado por definir las tipologías mediante expresiones como “el pueblo abierto”, “el pueblo amurallado”, “la vivienda fortificada”,  “el caserío fortificado”, la fortificación del sultán”, “la fortificación de caíd”, “el granero colectivo”, “la agrupación sufí”, “el santuario”, “la torre de vigilancia aislada”, “la fortificación de tribu”, etc., evitando el uso generalizado de términos árabes y beréberes, aunque sí aparecen éstos acompañando los nombres de los edificios concretos, según los emplea la población local en cada caso y con la transcripción francesa en uso en Marruecos.

De hecho, la necesidad de clasificar las construcciones en unas tipologías concretas nace de nuestra metodología de estudio, pero somos conscientes de que no siempre se corresponderán con la voluntad o con las ideas de sus constructores y habitantes. Por lo tanto, hay que tomar estos modelos con la máxima precaución: la vivienda fortificada no es más que la mínima expresión del caserío fortificado, que a su vez lo es del pueblo amurallado; los tres tienen por función primordial –más importante incluso que la de residencia- la de almacenar las cosechas, como si fuesen graneros; estos últimos incluyen a veces un santuario, bajo cuya protección se sitúan, y el santuario no es más que una agrupación sufí simplificada, mientras las torres de vigilancia forman parte integrante de todas las demás estructuras mencionadas. En cuanto a las fortificaciones de caídes, con frecuencia no son otra cosa que la ampliación de una vivienda fortificada e incluso hay varios ejemplos en el Jebel Siroua en que se trata de un granero colectivo transformado tras la derrota y sumisión de la tribu que lo había construido, pero también se puede dar el caso contrario, de alcazabas levantadas por el sultán y transformadas luego en silos por los habitantes del área, de lo que tenemos múltiples muestras en el Marruecos Oriental.

Capítulo 1. Entre el Atlas y el desierto

Capítulo 2. La vida en los oasis

Capítulo 3. Historia del Sur

Capítulo 4. Una sociedad en evolución

Capítulo 5. Técnicas constructivas

Capítulo 6. Pueblos abiertos y pueblos amurallados

Capítulo 7. El edificio fortificado

Capítulo 8. La arquitectura del poder

Capítulo 9. El granero comunitario

Capítulo 10. Santuarios y agrupaciones sufíes

Capítulo 11. Otros modelos arquitectónicos

Capítulo 12. Un patrimonio en peligro

Léxico y bibliografía


Contacto con el autor: E-mail de Roger Mimó.

© Roger Mimó


Biografía de Roger Mimó ¿Qué es una kasba? Alojarse en una kasba. Comprarse una kasba. Libros de Roger Mimó.
La ruta de las mil casbas. Montañas de Marruecos. Inventario de las kasbas Tinghir y el valle del Todra El viaje de Alí Bey.