Tinghir y el valle del Todra.

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La kasba del cheikh Bassou en Tinghir

Tinghir en 1944

La kasba construida en 1944 por el cheikh Bassou Ou Ali, jefe de los Aït Barra de Tinghir, es la única en todo el valle del Todra que ha sido restaurada gracias a una nueva función turística: el hotel Tomboctou.

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Kasbah du Cheikh Bassou à Tineghir.

La kasba del cheikh Bassou en Tineghir en 1944.
La kasba en 1944

La kasba del cheikh Bassou en Tinerhir en 1993.
La kasba en 1993

Patio de la kasbah du Cheikh Bassou à Tineghir.
Le patio au rez-de-chaussée

Kasbah du Cheikh Bassou à Tineghir.
La zone des cuisines

Patio de la kasba del cheikh Bassou 
en Tinghir (Hôtel Tomboctou).
Patio de la kasba en el primer piso

Vue de la kasbah du Cheikh Bassou à tineghir.
Vue de la terrasse

El cheikh Bassou Ou Ali fue el primer habitante de Tinghir que se atrevió a salir del ksar con su familia para instalarse entre el palmeral y el camino que comunicaba la explanada del zoco a la pista de Ouarzazate. Allí se hizo construir una casba de tapial con dos pisos, rodeada por una muralla. El recinto incluía también algunos anexos, como establos, un jardín, hornos de mechuí y, más tarde, un riad destinado a alojar a los huéspedes.

No siendo ya la defensa el objetivo principal del propietario, como en las casbas más antiguas, sino la recepción de invitados, el prestigio y la representación, este edificio ofrece un aspecto lujoso y moderno para su época. Un patio central bastante amplio, de más de tres metros por tres, queda rodeado de pilares y de arcadas de yeso precediendo galerías cubiertas, tras las cuales se abrían habitaciones y salones.

En la planta baja, el cheikh tenía su dormitorio en el lado norte, si bien de día acostumbraba a reposar en otra estancia que tenía una ventana abierta al este, permitiéndole controlar quien entraba y salía del recinto; las demás piezas servían para almacenar alimentos. En el primer piso, un largo salón de punta a punta de la kasba estaba destinado a recibir a los invitados masculinos de rango elevado -puesto que el cheikh mantenía una importante actividad política- y otro de iguales dimensiones era para el pueblo. Había asimismo una estancia donde se guardaban las teteras, las bandejas de plata, los vasos importados de Europa y otros materiales de valor; sólo el dueño de la casa poseía la llave.

En torno a la azotea, en las cuatro torres, cuatro pequeñas habitaciones eran utilizadas por los jóvenes solteros de la familia. Un anexo pegado a la casba por su lado sur incluía la cocina, un largo salón donde recibir a las mujeres y un patio propio rodeado de galerías, pero sin arcadas.

Las paredes estaban revestidas con yeso en el interior y unos falsos techos del mismo material tapaban en el piso alto los techados de cañas. En el exterior, el acabado se mantenía dentro de la tradición, hecho de barro y paja, si bien estaba protegido por un alero de tejas verdes de cerámica de El Hart. Las ventanas de hierro forjado son bastante grandes, hasta 70 x 100 cm. en el primer piso. Las puertas de las estancias, de madera de pino, siguen un modelo claramente urbano.

Antes y después de la independencia de Marruecos, la kasba vivió momentos gloriosos. Muchos aún se acuerdan de los tiempos en que se habían llegado a degollar cuarenta corderos en un solo día para hacer mechuís, así de importante era el número de invitados.

En 1966, Rom Landau escribió: "Para mi primera visita a la mañana siguiente, el supercaíd en persona me acompañó. Por razones de etiqueta, había elegido la casba del cheikh Bassou, uno de los hombres más ricos de la comarca. Su casba era bastante nueva, construida en 1944, y pronto descubrí que era muy distinta de las casbas de Skoura. Aunque la entrada era relativamente débil, tenía un aire impresionante, pues la puerta estaba cubierta de metal, pintado de blanco como la nieve, en contraste con el marrón claro de las paredes que la rodeaban. Una vez franqueada la puerta, nos encontramos en un patio clásico, de forma cuadrada. El edificio de la casba en sí era también cuadrado, simétrico y formal en el diseño, lo que hacía pensar en un ksar más que en una casba.

"Era interesante ver esta interpretación moderna, aunque no tenía la intención de incluir muchas estructuras reciente en mi estudio. Sin embargo, poseía ciertas características que me llamaron la atención. Las casbas situadas más al oeste, por lo general de edad mucho mayor, mostraban signos de deterioro, daban pruebas de adiciones sucesivas y, en consecuencia, habían perdido su simetría original, aunque no necesariamente su forma. La casba del cheikh Bassou no poseía ninguno de los zigzagueantes pasadizos, patios diminutos, misteriosas entradas y escaleras empinadas desapareciendo en la oscuridad absoluta que caracterizaban a muchas de estas casbas occidentales. El material de construcción era la tierra, sin embargo, los muros habían sido reforzados con troncos de las y los techos también eran de madera de palma. Las habitaciones daban a un patio interior en la típica tradición morisca.

"El cheikh Bassou nos condujo por la escalera a una habitación del primer piso, probablemente reservado para la recepción de los huéspedes. Para mi sorpresa, me encontré con que estaba amueblada con un sofá, una alfombra, varias mesas y lámparas de mesa y otras comodidades muy excepcionales en mi experiencia de casbas. Nuestro anfitrión, un anciano corpulento, ya no trabajaba en sus tierras, sino que tenía a cuatro trabajadores empleados, principalmente para el cultivo de aceitunas y dátiles. Él no les pagaba con dinero, sólo les daba una quinta parte de la cosecha y tres comidas diarias: para el desayuno, té con menta y pan; para el almuerzo, carne, verduras y pan, y para cenar cuscús. Cuando le pregunté cuál era la función de las torres defensivas de su casba, escasamente necesarias en mitad del siglo XX, admitió que habían sido erigidas para fines puramente decorativos y con el objeto de mantener la tradición establecida. Incluso la muralla que cerraba sus dominios estaba allí porque eran "tradicionalmente" correcta.

"Aunque habíamos llegado a su casba inmediatamente después de nuestra propio desayuno, el cheikh Bassou insistió en que degustáramos su té a la menta, pan recién salido del horno, mantequilla y miel. La atmósfera del lugar, la limpieza y el orden eran más bien parecidos a los de una casa de las ciudades del norte; las casbas del sur suelen estar más descuidadas, cubiertas de polvo y escombros, y no pocas veces son muy primitivas en su concepción".

Restauración de la kasba del cheikh Bassou en Tinerhir.
Obras de restauración

El cheikh Bassou vivió en ella hasta el año 1978, trasladándose luego a una nueva casa de hormigón armado que se hizo construir justo al lado y en la que murió en 1993.

Ese mismo año comenzaron las obras de restauración de la kasba, dirigidos por el escritor español Roger Mimó tras alquilar el conjunto a los herederos. El objetivo era transformar la vieja morada en un alojamiento turístico.

Kasba del cheikh Bassou en Tinghir en 1993.
Fachada de la casba en 1993

Kasba del cheikh Bassou (Hôtel Tomboctou) en 2009.
Fachada de la casba en 2009

El carácter lujoso del edificio permitió convertirlo en un establecimiento de un nivel bastante elevado. Los grandes salones fueron partidos en dos y todas las habitaciones equipadas con cuartos de baño, lo que constituyó una innovación en la arquitectura de tierra y un ejemplo a seguir por otros dueños de kasbas de la región.

Aparte de esto, la estructura original del edificio se respetó por entero, así como los materiales: el barro con paja para el revocado, las vigas de troncos de palmera, los aleros de cañas, etc. Pero el suelo de la azotea se recubrió con una capa de cal y arena para mejorar su protección.

Gracias a su nueva función, la casba del cheikh Bassou Ou Alí se halla bien conservada y el hotel sigue funcionando.

Hôtel Tomboctou, patrocinador de este Web

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Contacto con el autor: E-mail de Roger Mimó.

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